lunes, junio 08, 2009

Improvisaciones en un diario

../..”Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.”
Luis García Montero

Sabe que este río no lleva a ningún mar pero navega por él sin tratar de alcanzar alguna orilla. Trata de acostumbrarse a demasiadas cosas pero es incapaz de digerirlas todas: siempre hay una proposición dispuesta a atacar al enemigo de uno mismo que es uno mismo.
Tamborileando los dedos sobre las teclas del majestuoso piano, Grieg suena a bosque, arroyo y presencia. Intenta escudriñar qué hace con su mente el Scherzo, Opus 54, nº 5 interpretado por el colosal Pletnev, en ese momento de escritura y pensamiento. Mientras escucha, el yogurt griego que dejó caer en su estómago durante la cena prefiere marcarse un twist contra las paredes del mismo: ¡simpático mamón!
No hay signos, ni formas. Ninguna señal se asoma a las estrellas en forma de fugacidad. Ni tan siquiera queda el aliento ni el empuje: el ánimo para el continuo esfuerzo, la palabra viva para la muerta esperanza. Sabe que este río no lleva a ningún mar pero desearía ahogarse en sus aguas para pertenecer a él y dormir en sus brazos para no temerle.

../..”Un sueño, como un espejo, es el engaño,
la trampa tendida ante las arenas más finas,
junto a las aguas más azules, tristes
como el ritual del peregrino.” ../..
Marcos R. Barnatán

*PD a una despedida:

Dice la cláusula decimotercera de una disposición transitoria que nada hay igual a la ensoñación que producen unas muecas peregrinas, unos guiños cómplices, un rictus alegre. Pero ninguna ley exige que no se mire, que no se sonría junto a alguien hasta doblar las arrugas de los ojos, que las palabras que surcaron el espacio no permanezcan ingrávidas por el vacío.
El tiempo se desvanece y no sabe si será demasiado evidente ese permanecer sentado, observando callado, donde el segundero no se detiene, donde la partida está tan cercana como el próximo reojo hacia el olvido.
Fuera de aquí los columpios incitan al pecado de ser niño y seguro que alguien los recuerda con cara golosa, hambrienta de sol y juegos. No hay que equivocarse: su mejor instante está por venir. Y todo será muy distinto.
Cuando él se haya marchado.

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