jueves, junio 18, 2009

..”no me ames por lo que fui, ni por lo que soy, ni tampoco por lo que seré; ámame únicamente por lo que no fui, por lo que no soy, por lo que no seré nunca.”
Pedro Casariego Córdoba


“Entonces, llegaron ellos…”
J. M. Serrat

Entonces llegaron ellos y enmudecieron sus palabras, maniataron sus labios y cortaron su sangre fría en pequeños pétalos de rosas. Llegaron ellos sin la sorpresa de la llegada porque vivían allí donde siempre la miseria hace sentirse miserable. Recitaban palabras curiosas con significados inocuos: loma, radio, touché, victoria, cerveza, regalo, huida, espera, laberinto, triángulo, zumo, muchedumbre, desesperación, ruta, cárcel, plasma, descampado, plenilunio, cuaderno, poesía, esdrújula, puerta, camino, destrozo, invento, futuro, palabra…..
Hacia él, la dirección de los desastres refractarios. Nada que oponer al suave roce de las estrellas circenses ni a los arañazos acuchilladores de la luz a través de los agujeros de las persianas: embestida ciega hacia el capote negro.

Puede aprender a no dar a las cosas más importancia de la que tienen, a reunir trocitos de desventuras azucarados sin tener que formar, obligatoriamente, una antología de dolor prologada por el catedrático de las lágrimas. Puede aprender a esconder los ojos tras las palmas de las manos, a morder su lengua, a olvidar. Podría aprender y así, de esta manera tan sencilla, aprobar la asignatura más larga de su vida: teoría del destino.
Pero no le apetece en absoluto. Día a día llegan ellos y enmudecen sus palabras, maniatan sus labios y sirven en su whisky los cubitos de hielo de su sangre. Su pregunta es siempre la misma y él….¡no se siente con fuerzas para dar más respuestas!

../..”yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan solo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…”
Ángel González

Ha roto el último papel escrito y ha guardado los pedacitos en el interior de un paquete de tabaco vacío. Luego lo ha tirado al cubo de la basura esperando que, durante su trayecto o hasta su final, encuentre algún naufrago que sienta necesidad de reconstruir el mensaje y, después, le conteste.
Así son las palabras. Mensajeros sin destino cuando el destino no quiere disponer de ellas, pequeñas pestañas que caen sobre el papel en blanco y que se apartan con un gesto de desidia y desdén, párrafos apoyados en el horizonte del mar en un mar sin horizonte, ecos erráticos que acaban en vida…¡nada!

../..”No, no puede el corazón deshacer la trenza de un recuerdo y
decir sólo una palabra: “sucedió”.”
Manuel Álvarez Ortega

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