miércoles, marzo 19, 2014

Letras propias: Una carta tardía



CARTA TARDÍA


                             ¿Qué es lo más alto?
                              Poder sufrir con ánimo alegre la contrariedad,
                              Llevar cuanto sucede como si lo hubiésemos querido.
                                                                  Séneca


 Todo empezó un jueves, ¿te acuerdas?

Ambrós y Peñascales tenían casi cuarenta años menos -exagero, como siempre: algo más de treinta- y las manos de los cedros de aquel parque ondulaban detrás del mar de la ventana.

Mientras mi madre zurcía mis rodillas fui creciendo entre vinilos, billares y poemas sordos que nunca llegaron a tus oídos. Porque nunca quise hacer palabras de mis sueños y sí versos de mis dolores.

La ciudad adolescente, mímica y triste, velaba mis pasos con lágrimas de huida, restos de cigarrillos y desgreñadas esquinas recién despiertas después de una noche de borrachera.

Como un ciego leí tus dedos, besé las letras de aquella única carta y escribí tu adiós con el escozor de una quemadura incurable, dejando a Jackson Browne la interminable terapia de esos días.

Tantos nombres propios, tantos miedos, tantas heridas de lluvia y charquitos pisados, tantos duelos...

Todo empezó un jueves.
Recuerdo.

Pero han pasado muchos años y han dolido muchos muertos.

Y desde esta penumbra del mundo, yo –que no tengo término medio- siento muchísimo no poder decirte a ti, a mí, a lo nunca nuestro, que llegué tarde.
Que casi morí como ellos.

Que la cicatriz de la herida formó un surco inmenso donde planté billetes de metro, páginas llenas de escorias y frases huecas, un libro desguazado, un suspiro difuso, toda una vida ajena a aquello…

Y un trigal infinito en el que cada espiga fue un recuerdo.

Pero hoy sólo eres un rostro borroso entre las súplicas que emití.
Y escribo nuevos versos para el futuro queriendo llenar las páginas de letras vivas, con el reencuentro de lo que fue sentido y alguna vez se perdió.

Y llevo todo lo alegre que sucede porque he apostado contra la contrariedad.

Como si lo hubiese querido.  


2 comentarios:

  1. El dolor de los recuerdos, la materia prima de los poetas. Como bien dices: "Porque nunca quise hacer palabras de mis sueños y sí versos de mis dolores".

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    1. Porque amar de verdad duele, Cristina.
      Besos!

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