miércoles, junio 26, 2013

Letras propias: Pincelada a una mujer



PINCELADA A UNA MUJER

A veces escaparás de la nostalgia.

Pero nadie puede vivir
sin melancolía.

O viceversa.

           De Cuadros sin colgar

viernes, junio 14, 2013

Letras propias: Grafiti


GRAFITI

En aquellos tiempos encrestar el espacio hacia el nunca.

Hasta entonces.

Todas las rememoraciones y los juegos sobre las imágenes que penetraban más abajo del sedimento, navegando en la exactitud de las coordenadas erróneas.

La marejada en ese océano de sensaciones: ola, medusa o alga de encaje vistiendo caracolas.

Todas las rememoraciones abarcan este nuevo principio, de deseo agónico,
donde se rozan con las huellas las despedidas cálidas que naufragan en las islas de cualquier sur.

Dibujando con un tizón versos sobre las piedras.

Ahora que los pulmones cicatrizan y la vida se consume a fuego lento
condimentada con trocitos de rabia.

                                        De Cuadros sin colgar

jueves, junio 13, 2013

Letras propias: Luz sin luz



LUZ SIN LUZ

     Alguien sigue hablando.
     Tanto que sus palabras parecen salir, incluso, en labios
     cerrados.

(Yo sólo pienso en el sol de esta tarde,
los escalones de tu patio,
la hiedra en la pared
y mis manos torpes acariciando la albahaca
después de dibujar tu silueta)

     No calla.
     Trina egocéntricamente
     mientras mido su escala de sandeces.

(Yo sólo noto tu boca
besando mi boca,
el tiempo absorto
y el sueño circuncidado,
el deseo apaciguado en los años
que reverbera en nuevos temblores.

Sólo escucho los secretos
de tu vestido sin bolsillos,
el paréntesis de las lágrimas
rodando por las inconsistencias
de los recuerdos,
de lo diverso que deslumbra
mis ojos mientras el sol se escora
en esta resurrección).

    Alguien sigue hablando.
    Define mi autopsia
    filtrando los gestos y las facciones.

(Tu luz se apaga
y me aferro a ella como a un anzuelo
turbio que bailase hacia el fondo
de una caricia sin ruta.
Desplomándome
hacia ti)

              De Cuadros sin colgar 

lunes, junio 03, 2013

Noticias y eventos


Llega la Feria del libro.
Como todos los años.
Y quedan por delante un montón de pasos, un montón de compras y un montón de amigos.

Uno de ellos, mi querido Rafael González Serrano, firmará este miércoles, día 5, de 18,30 h a 21,00 h, en la caseta nº 297 de Librería Tribuna, ejemplares de su último libro Siempre la feria.

He aquí una buena ocasión para pasarse, comprar y saludar.

viernes, mayo 17, 2013

Letras ajenas: Antonio Cubelos Marqués



(ahora)

Aún perdura, tan tuya,
tu estela entre las cosas;
itinerario en zigzag o laberinto:
yo me dejo morir
entre tus redes.

Enigmático, pues, y triste ahora,
esta mirada tuya tan de frente:

mi mordedura mínima
de araña.

                De Julia, agosto, septiembre, Vitruvio 2013

lunes, mayo 06, 2013

Letras propias: Boceto de Mario (acuarela)



BOCETO DE MARIO (ACUARELA)

Que se aparten las nubes de la tierra
y los alfileres del sol se claven
en las palabras vacías del viento.

Que camine la noche en parihuelas
y se dibuje una tenue galaxia
en la cara brillante de la luna.

Que todo lo que se intente decir
sea intangible, dormido o callado
bajo el latido mudo de lo indemne.

Que nada se extinga en la transparencia
ni palpite en el núcleo del olvido.

Que duerman los mitos en el pausado
paisaje de los amantes infieles.

Que la poesía no sea develada
más allá de los límites del sueño.

Que los paraísos calmen su gozo
en el bálsamo frío de los poemas.

Que todo viva y nada.

Y si el desnudo viaje por la vida
consume lo olvidado ante el azufre
de los versos tirados al escombro,
que la eternidad enjuicie al futuro.

Porque nunca la eternidad será
bruma ni laxitud si en ese tiempo,
donde todo estará por llegar,
me cobija la sonrisa de mi hijo.

                        De  Cuadros sin colgar


domingo, abril 28, 2013

Letra ajenas: Federico Leal



Sabes que te seguí desde el inicio del viaje.
La isla salpica destellos circundada por sus aguas
de cardumen metálico bajo sus fondos marinos.
Ningún olor añejo invade mi memoria.
Porque todo se anega en la luz despiadada
de esta ciudad remota y no siempre feliz.

Bajamos la escalinata hasta el único bar habitado;
una escondida atalaya brillando en la esquina del puerto.
Miserias y fragores dejábamos atrás con las pupilas dilatadas.

Camisas desleídas por el salitre oleaginoso
y cuerpos abrasados en la incandescencia del poniente.
Todo desciende rendido a la embriaguez
que como turistas exhibimos.
Todo desciende al paso de tu sombra.
Un barco en la rada prolonga sus luces al estuario
y hace sonar la bocina ahora que te pierdo.
Ahora que la niebla nos sume en su invernal letargo
y es impecable el tacto de la escarcha.

Pactamos en el coche la renuncia:
¿ha de reducirse lo sublime a estos encuentros
donde quince minutos nos gobiernan siempre?
Me indultas porque esto es irrecobrable,
porque es el privilegio del presente:
Inútil retener la suerte con los dados que jugamos
-dices- pero bien sé yo
que otros aires arrecian para apartarte,
que otros dados arrojas muy lejos de mí.

                                    De Toma de tierra, Editorial Polibea 2013

lunes, abril 08, 2013

RECOMPONER: PACO CARO PRESENTA DIARIO DE IMPROVISACIONES

                             Rafael González Serrano, Paco Caro y el autor.

Pocas palabras podrían definir mi agradecimiento a todas las personas que me acompañaron el pasado jueves en la presentación de Diario de improvisaciones (Editorial Celesta). Y sólo una palabra sale de mis labios para definir la presentación que hizo del libro Paco Caro: impresionante (formal y conceptualmente)

Para aquellos que estuvisteis y para los que no pudisteis asistir, os adjunto dicha presentación.

Una deliciosa maravilla: gracias, amigo!!


Recomponer
  
Presentación de Diario de improvisaciones, de José Luis Nieto Aranda, Editorial Celesta. Edificio Mapfre. 4 de abril de 2013,

 En alguno de aquellos jueves florentinos del siglo XIV, en aquellas horas primeras de la tarde, cuenta Massimo Novello que Boccaccio de Certaldo  les dijo que el trabajo del poeta semeja al de un arqueólogo, ya que el libro de la vida fue destruido por los dioses en multitud de pedazos, que fue Hermes el encargado de repartir los fragmentos (aprovechando vendavales) por caminos y arroyos, por bosques y marinas; que desde entonces los hombres intentan recopilar retazos, palabras, con que reconstruirlo. Que algunos no cesan en esa labor, y se llaman a sí mismos, o son llamados, poetas, y que a pesar que cada pieza significa algo distinto para cada uno de ellos, en ocasiones parecen encontrar sentido a lo que con afán recomponen y a eso le llaman verdad, o le llaman belleza, o le llaman poemas. Tal es la maravilla, tal la imposible e inalcanzable tarea que los dioses dejaron, nos dejaron, y que ha encandilado y encandila a gentes de cualquier latitud.

También sucede que en estas tardes madrileñas de principios del siglo XXI, hay gentes que siguen la tarea, bien bajo el olivo sacro, bien a través de los cristales que doman las oficinas. Y como esa búsqueda no está exenta de dificultades, o de extravíos, deciden anotar en papeles electrónicos los miedos, los obstáculos, las contradicciones de tal búsqueda. Y optan por hacerlo público, por contarlo a los demás. O sea, fijar las cuartillas con chinchetas a la pantalla universal que es un blog. Tal es el caso de José Luis Nieto Aranda, poeta a tiempo real, compañero de búsquedas, quiero decir rastreador de sorpresas y emociones, reconstructor. José Luis mantiene, como bien sabéis, abierto a nuestros ojos un mural con el título de Diario de improvisaciones. Dietario íntimo, casi diario. ¿Dietario? ¿diario? No es el caso detenernos en las escolásticas diferencias entre ambos términos. Y que, por si a alguien le interesa, se refieren a la influencia que las provocaciones exteriores tienen en su génesis, al origen de los textos y a su voluntad de publicidad. Llámese como se llame. Dietario o Diario, digamos pronto que José Luis, cuando lo escribe, escribe de él, de su persona, escribe porque le es necesario, y escribe de poesía.

Escribir poesía significa cruzar los bosques, no temer a las fieras, que dijo el de Yepes,  sentir, imaginar rincones en esquinas, nubes tras cada nube… caminar desde lo concreto a lo abstracto cada mañana, y cada tarde regresar por la inducción hacia la exactitud que nos duele. Andar pausadamente el filo y la humildad de lo no hallado. Así ha logrado José Luis reconstruir poemas, atendiendo a los síntomas que muestra la realidad, su realidad. No para curar, no para informar, no para lograr comprender lo que le pasa sino para hablar con aquello que le ocurre y jamás le abandona. En esta labor se sabe frágil, en sabida deriva, un pequeño objeto de cristal entre urbanas multitudes. Tal vez por eso decidió un 22 de mayo de 2009 refundarse en ese alter ego que llama Boris Lubernieff.

José Luis ha querido fijar en el texto que abre el libro el retrato de Boris Lubernieff, su retrato, un retrato expresionista a la manera de  Kirchner
o  Kokoschka, paisaje de trazos fuertes, distorsionados, certeros, de forzados colores y con la luz desierta. Luego en los siguientes textos del libro que nos ocupa, que hoy presentamos, nos ofrece el escenario sentimental que guarda, ilumina y protege su intención. Dicen que además del lenguaje, son el paisaje y el hombre quienes hacen al poeta.  Y su curiosidad intelectual. Quienes esto afirman pueden tomar a Diario de improvisaciones como paradigma para la defensa de tal afirmación. Con su lectura he recordado los versos de otro José Luis, de José Luis Hidalgo  “Soy el poeta. Me pregunto:/¿qué es lo que anoche sentí arder” Porque creo que es lo mismo que debe haberse preguntado el hombre llamado José Luis Nieto antes de cada entrega. Textos que no pueden haber sido escrito sin esa tensión existencial, sin esos desasosiegos que aspiran -tras haberse visto fuego, turbia caniza- a su reconstrucción para poder ser reconocidos. Una hora, un viaje, un lugar, una acción, ellos, la soledad, una fotografía, la certeza segura de la noche, la presentida ruptura, inexplicada,... el rostro niño de una hija, un temblor en la mano de la madre. Cualquier sensación, cualquier destello, abre cualquiera o todas las posibilidades a su voz.  Voz de vientre que no es sino advertencia.

Advierte A. Céspedes que no se debe salir de la poesía indemne, estoy con él, pero leyendo este Diario de improvisaciones puedo decir que no es posible entrar en ella sin saber del daño. ¿Qué impoluto, qué estéril, puede crear auténtica poesía? Tal vez ni siquiera sea posible transitarla sin haber sido sacudido antes por todo aquello que la vida tiene de hija de la gran puta, por todo lo que tiene de señuelo, de canción de sirena, de mazo y látigo, de río de misterios que nos incita a contar mientras escépticamente se vadea.

José Luis Nieto intuye: Boris, su heterónimo, sabe todo esto. Desde tiempo. Y por eso espera en todo cuanto tiene el día de himno o de afán agresor, de excitación salvaje o vituperio, de bandera rizada o de abandono. Y advierte que cada instante de vida hallado está teñido de futura inquietud, de la posibilidad de que tal situación carezca de firmeza y que lo construido sobre ello sea la profecía de otro derrumbe. Y es entonces cuando cuenta. Cuenta con un discurso riguroso, duro, casi siempre teñido por el color indestructible de la tristeza. Una tristeza en estado puro. Ni melancólica ni desesperanzada. En el exacto grado de destilación. Una tristeza que es siempre refugio invulnerable. Coraza y método. Verdad. Una forma decidida de conciencia que busca compresión. Y desde ella alza su poema, ahora, en esta ocasión, libre de la esclavitud del renglón segmentado, libre de una atadura que en ocasiones procura cierta tirantez al decir. Aquí todo fluye sin amo. La tinta es dueña de su cauce y rodea a la elipsis, su figura preferida, con la misma naturalidad y el mismo albedrío con que el agua recorre ahora mi llanura manchega.

Apenas acude a la descripción de lo externo, salvo lo imprescindible para que podamos identificar cada fragmento del libro de los dioses que le ocupa. Luego, cada reconstrucción es un tanteo. Una oferta al Boris que mira por la ventana. Y lee y exige. O lee y tutea. Cada texto es un oferta y un desafío al que lee con él -es peligroso leerse a sí mismo-, al que sube a diario en su moto, al que ama y es norte, al que duda, al joven que se recuerda feliz y entero, al que bebe y provoca, al provocado, al que invierte efecto y causa, causa con efecto, y sabe que es indiferente en ocasiones. Y porque toda definición es un intento de establecer límites, de excluir, de parcelar, en los monólogos público-privados de este Diario de improvisaciones definirse es asunto que descansa en la suma de las emociones. Léanlo al azar, léanlo de forma continuada, como deseen, pero, lectores activos, como son los lectores de poesía, pronto aceptarán que el paisaje está trazado, que tiene más de poliedro irregular que de esfera, y que cada poema es una digresión independiente, aunque sean parte de un mismo haz. Y el haz no es sino el lento recorrido por un intenso territorio interior. Un deambular que busca puerto, solaz, descanso en la posada.

José Luis, y el lector avisado, saben de lo incierto que resultan los rumbos en parajes desolados, saben de la fragilidad de los hitos y de la ambigüedad de las señales. Porque la vida, como la poesía, no son realidades manejables. Vivir, escribir son dos verbos impuestos a cuchillo. Significan rastrear, reconstruir. Rastrearnos, reconstruirnos. Lo último que vivo es escribir, dicen que dijo Boris a José Luis para finalizar Rastros perdidos, su anterior libro. Aquí y ahora, 4 de abril, en este nuevo libro, José Luis mantiene la misma oferta, la que nos ha hecho durante años en su ventana virtual. La que nos hace ahora: depurada, seleccionada, concentrada en papel, en libro fulminante. Lo último que vivo es escribir.

Digamos, para finalizar, que el poeta ha publicado con anterioridad dos poemarios Un tiempo de adiós y Rastros perdidos y tiene otro pendiente y próximo: Cuadros sin colgar, del cual viene dando ligeras pistas. Pero ahora, Celesta, la joven editorial que dirige y mantiene Rafael González Serrano, ha hecho apuesta por este Diario de improvisaciones, del que advierte, en nota de editor, que no debe ser tildado de esa cosa ¿meliflua? que ha convenido en llamarse prosa poética. Habrán visto ustedes que no lo he hecho. Y no hay en ello pasiva obediencia. La verdadera razón es que he leído lo que el editor entiende por poesía, y créanme que algo sabe de esto, lean si no los estudios sobre poetas foráneos que vierte en De turbio en claro, su blog.  Si miran la contracubierta encontrarán que para el editor es poesía todo aquello expresado con nervio, hondura, agudeza y un lenguaje iluminado y fronterizo.  Oyéndonos, ¿estaría contento esta tarde de abril Boccaccio de Certaldo mi maestro, al que nombré al comenzar? Un Boccaccio que, eso sí, me advertiría  de la necesidad, como hago, de darles a ambos las gracias por haberme permitido la alegría de estar, de contar.  Vale.   


miércoles, marzo 13, 2013

Letras propias: Impostura poética



IMPOSTURA POÉTICA

                                            El acero de las calles templa mi alma.
                                                              José Miguel Campos

Nada tan cercano y diferente
que la lluvia contraria que aviva la transparencia,
el principio de la estrofa,
la multiplicidad del todo
en la sangre del reflejo.

Una pertenencia irrepetible
en la inconsistencia de los registros,
en los escombros y los residuos
de cada página.

Nada tan figurado
que el silencio del horizonte
y sus significados escritos: hielo
manifestado en la superficie
donde resbalan los propósitos
y las sílabas conscientes.

Nada como el vacío,
los elementos
o el acero que templa la figuración:
esa extensión distinta que abarca
desde los párpados
al nuevo continente de luz
que crea
el poema.

                          de Cuadros sin colgar

domingo, marzo 03, 2013

Letras ajenas: Paloma Corrales


ESTE POEMA

en el andén más triste, un pensamiento,
casi un soplo,
un murmullo de trenes que se duelen
con un frío de cordones desatados

(escribo con asombro letra y cauce,
cauce y sangre,
palabra, invierno y látigo
y sigo sin saber qué es poesía),

en el andén sin nombre, como una prisa rota,
te espero y ya te has ido,
sin embargo
adopto una ternura de paraguas
para llorar la nada
                          y todos sus paréntesis,

en el andén más triste
concluyo este poema que avanza soledades.

                             De Poesía (Hazversidades poéticas)