martes, abril 17, 2018

Nonsenses VII




            Ella oculta sus pecados en una tela transparente.

            Dibuja, con aparejos traídos del desorden, un caos predefinido imposible de creer.
            Salvo por ella misma.

            Él duerme su escepticismo con la ayuda de cápsulas enlatadas de colores.

            Y reposa, tranquilo, los posos de la cofradía que procesionan en las calles inhabitadas de su mente.
            Velas y flores para la lengua inerme que no canta las estaciones.

            En el fondo de los pozos la negrura de lo remoto.
            O lo consabido y certero.

            La confirmación de un supuesto es la afirmación de un temor fundado.

            Al final, la noche para fundirse en la soledad.

            Y el agradecimiento al destino por vivir en las imperfecciones.


viernes, abril 13, 2018

Nonsenses VI




Tiene un corazón prestado que usa para sobrevivir en los senderos subterráneos de esperanzas, para hacer merecedoras a las palabras y a las fantasías insolentes.

Usa puertas abiertas para las adivinaciones que discurren en los canales del cerebro: la imaginación sin pulso, el disfraz de terciopelo, las ideas jades que comentó ante las preguntas.

Promete, si sale de esta, volver a pecar en el quinto.

Y tocar la guitarra.

Promete volver a casa después de asesinar el día y dejar que ese carmín pinte otros espejos con esporas invisibles que aparentan enamoradas.

En las mejillas: seis líneas y muchos puntos suspensivos a centímetros de un nuevo rechazo.

Adivinaciones, enojos, lluvias en los retornos, silencios…

Sabe que lo posible es un mínimo intervalo de la realidad que vive en tierras de silencios y traiciones.

Y se acuesta en silencio sin molestar a la suerte, haciendo todo despacio para que el tiempo pase rápido.

Para que no torne el brandy en agua y vuelva a arreciar la hiedra que corroe las entrañas.


miércoles, abril 04, 2018

Nonsenses V




            El lector es el propietario de cada sentimiento escrito.

            Un dios que adopta las palabras usándolas a capricho, interpretando momentos, adaptando complicidades según transcurre la lectura.

             Recuerda, mientras nota el viento arrastrando su tristeza, el último poema que amasó con el mimo de la querencia, el grito en el páramo encharcado de su paisaje.

            Recuerda la intención de todo para que pareciese nada.

            De los escombros se crean bellas ruinas que complementan los encuadres.

            Pero él no está ahí para fotografiar nada.

            Dejó de ser protagonista para convertirse en lector leído.

            Incluso le hablaron de gestionar algo que nunca pensó que habría que hacerlo. Porque la vida no era gestión: era vivir.

            Suena el tono de un improperio bajo el algoritmo de una incerteza.

            Lee, detrás de un tomo estrafalario, las vicisitudes.
           
            Lee su vida.

            Recuerda un dios fotografiando escombros, protagonizando su vida, gestionando sus despedidas, recordando sus intenciones.

            Se recuerda protagonista.

            En la Baraka que deseó cuando el tiempo era dócil e inválido.