lunes, marzo 30, 2015

Letras propias: Correspondencia ordinaria 5



En lo eterno, fluir
bajo la media cara de la luna,
en lo improbable de la imaginación,
sobre risas y asfaltos.

Responder a las preguntas
sin miedo al ocaso,
sin desbrozar el instinto que aleja
la luz meridiana de lo recitado.

Fluir sin restañar la chatarra,
con la convicción del retal dormido
en el guardarropa de las manchas
o en el almacén de los andrajos.

Responder a los instantes,
dar soluciones a los teoremas,
prender fuego a los proyectos,
recitar una oración en la liturgia.

Y después no decir nada:
cerrar los labios en el punto
exacto donde se dejaron, en la ebullición
implosiva de lo que no se dijo.

En lo eterno, las disculpas
que granizan sobre el agua de las retinas
creando ondas en lo estanco,
espumas en lo intangible.

Y después no decir nada:
abarcar el espacio que sopla entre líneas
elevando la distancia en segmentos
indivisibles, mudos y ausentes.


Esperar sin espera.

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