martes, abril 15, 2014

Letras propias: Un tiempo de adiós



He ido vaciando
los cajones. Despacio -las lágrimas
descendiendo
por los toboganes de los pómulos-
he colocado tus vestidos en la maleta.

Lo peor ha llegado
cuando tu perfume y tus adornos
han ocupado un rincón desangelado de otra bolsa.

Entonces la figura del espejo azul
ha preguntado un porqué,
mientras la forma de tu ausencia
inundaba
el barbecho de la tristeza.

                   De Un tiempo de adiós.


sábado, abril 12, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (8)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (8)


Hagamos un trato: tú te quedas
con la alianza perdida,
el colgante y su cadena rota
y la pulsera que nunca se usó.
Y yo me quedaré con la imagen
de tu rostro dormido al amanecer,
antes de despertarte con un beso,
y el olor del café que abría
el telón de cada nueva jornada.

Vamos a hacer un trato: tú prometes
dictar tu veredicto sin rabia,
vivir tu libertad sin escalofríos
(aunque sea retornando a sus redes)
y envenenar la ceniza de los recuerdos.
Y yo te aseguro que escribiré
cien veces te quiero en la pizarra,
me arrodillaré con mis libros sobre las manos
y no volveré a tener miedo ni vértigo
cuando vuelvas a abandonar el umbral de mi puerta.

Vamos a hacer un trato: te voy a dar
doce rosas amarillas por tu verdad,
una apuesta por todos los versos
que escribí pensando en ti
(cuando los buscabas clandestinamente
para que no te regañasen),
una referencia por el ayer difunto,
una tontería genial por un abrazo,
un escondrijo invisible para no verte,
o un abismo insomne hasta olvidarte.
A cambio de un nuevo surgir
cuando tenga que ser:
en otra vida, en otra etapa, en otros cuerpos…



jueves, abril 03, 2014

Letras ajenas: Jaime Gil de Biedma


CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huesped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

¡Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada caso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!.



jueves, marzo 27, 2014

Letras ajenas: Ernesto Cardenal



Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

                                De Epigramas


lunes, marzo 24, 2014

Letras propias. Cuaderno de conclusiones (7)



CUADERNO DE CONCLUSIONES (7)

Pensamiento: si la dolencia exacta de un pecado es la penitencia cabal de una locura, entonces dejemos que nuestros sentimientos se pudran en el caldero infernal de lo improvisado.

Puede que el amor tenga una hoja caduca, retama de atardeceres en los sarmientos de los crepúsculos.
O puede que el amor sea otro viaje sin luces.

En la oscura vereda, dos faros alumbrando los fugaces pasos de la rutina. Allí donde la sombra del partir siempre es alargada, en dos direcciones separadas, en dos caminos distintos y con un solo fin para tanta perseverancia.

Carraspear sangre, vomitar certezas, toser olvido, escupir maldiciones….

Repetir y repetir (el eco es una marea lunática) aquello que se dijo en las mañanas frías de los desencuentros, en los textos malinterpretados.

Citar.

Memorizar como una lección de escuela: “hoy se unirán los griegos al citoplasma de los frisos inacabados por las sinonimias de las mesetas”.

Sin arrepentirse de algo –se dice- excepto del futuro que nunca llegará.
O no: el futuro llegará y traerá paz, unos labios bailarines (claqué de película) y unas plumas quemadas sobre las ascuas de las esquirlas de las cancelas.

Sigue añorando desesperadamente.
Sigue apretando su recuerdo entre los libros abandonados con pétalos de rosas.

Sigue pensando en la suerte de su vida.

Y en no torpedear más este barco para no hacerle zozobrar, antes de ser deriva.


miércoles, marzo 19, 2014

Letras propias: Una carta tardía



CARTA TARDÍA


                             ¿Qué es lo más alto?
                              Poder sufrir con ánimo alegre la contrariedad,
                              Llevar cuanto sucede como si lo hubiésemos querido.
                                                                  Séneca


 Todo empezó un jueves, ¿te acuerdas?

Ambrós y Peñascales tenían casi cuarenta años menos -exagero, como siempre: algo más de treinta- y las manos de los cedros de aquel parque ondulaban detrás del mar de la ventana.

Mientras mi madre zurcía mis rodillas fui creciendo entre vinilos, billares y poemas sordos que nunca llegaron a tus oídos. Porque nunca quise hacer palabras de mis sueños y sí versos de mis dolores.

La ciudad adolescente, mímica y triste, velaba mis pasos con lágrimas de huida, restos de cigarrillos y desgreñadas esquinas recién despiertas después de una noche de borrachera.

Como un ciego leí tus dedos, besé las letras de aquella única carta y escribí tu adiós con el escozor de una quemadura incurable, dejando a Jackson Browne la interminable terapia de esos días.

Tantos nombres propios, tantos miedos, tantas heridas de lluvia y charquitos pisados, tantos duelos...

Todo empezó un jueves.
Recuerdo.

Pero han pasado muchos años y han dolido muchos muertos.

Y desde esta penumbra del mundo, yo –que no tengo término medio- siento muchísimo no poder decirte a ti, a mí, a lo nunca nuestro, que llegué tarde.
Que casi morí como ellos.

Que la cicatriz de la herida formó un surco inmenso donde planté billetes de metro, páginas llenas de escorias y frases huecas, un libro desguazado, un suspiro difuso, toda una vida ajena a aquello…

Y un trigal infinito en el que cada espiga fue un recuerdo.

Pero hoy sólo eres un rostro borroso entre las súplicas que emití.
Y escribo nuevos versos para el futuro queriendo llenar las páginas de letras vivas, con el reencuentro de lo que fue sentido y alguna vez se perdió.

Y llevo todo lo alegre que sucede porque he apostado contra la contrariedad.

Como si lo hubiese querido.  


lunes, marzo 10, 2014

Letras ajenas: Ángel González



BREVES ACOTACIONES

Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.

Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte esta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.


martes, marzo 04, 2014

Letras ajenas: Dámaso Alonso


INSOMNIO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este
nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los
perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como
un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre
caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por
qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta
ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?


viernes, febrero 28, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (6)



CUADERNO DE CONCLUSIONES (6)
  
La efervescencia.

Ese matiz convexo que surge, gastado e inconfesable, acabando de fluir cuando ya es caudal improvisado.

Ese viajar a lomos de la predilección, ese circundar la isla de los párpados manantiales.

Efecto desborde tintado en el reloj digital, fanal cercano en el retorno.

Desde entonces, cuando te quise, los tentáculos de mi voz llamándote en resucitada creencia sin testigos.

Desde entonces, cuando te quise, el hondo misterio del volumen ingrato de la improbabilidad.

La efervescencia que aplaca el adiós -sí: quise marcharme- haciendo crecer las alas del hermetismo averiguado.

Sin más imágenes que los campos del febrero feliz durante la lluvia vaciada más allá de las formas.

Desde entonces, cuando te quiero, no ocultes nada, no dispenses favores en los altares del pasado, no des oportunidades a lo muerto.

No me arrincones.

Si acompañas mi presencia, no dejes que la duda de tus ocultaciones detenga el olor de las rosas que el futuro de la efervescencia ha de entregarte.                                      



lunes, febrero 17, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (5)

                                                                   Fotografía: Soledad Nieto

Supongamos que puedo escribir algo.

Supongamos que lo escrito tenga algún sentido y no parezca un montón de basura acumulada sobre este papel virtual.

Supongamos, aunque sea mucho suponer, que ignoro el tiempo y no me importan las horas, o las conexiones en los minutos, o los silencios palpables, o las situaciones que perturban sin que me perturben, o los paréntesis, o las euforias descontroladas antes de frenarlas.

Supongamos que sólo pido un pequeño respiro a mis palabras, un diminuto fragmento exhalado por la garganta. Ni siquiera una distancia medida: me conformo con alcanzar allí donde abarcan los ojos (ser papel, pantalla o fachada y esperar vanamente esa afirmación que no llegará a dibujarse).

Supongamos no poder mentir, aunque a veces lo desee, para descifrar un disimulo y explicar que nadie puede hace volar las pajaritas de papel, brillar las estrellas eléctricas o despertar los cariños enmohecidos: que solo yo lo consigo cuando no lo consigo, aunque no sea recurrente.

Supongamos que ningún poder emana de mis manos cansadas y dormidas mientras comprendo que ya no hay sueños.

Supongamos que, como apátridas, estas líneas no pertenecen a sitio alguno. Que son escritas para ordenar esa madeja de ideas que no puedo comentar, por ese pudor tan íntimo, para reconocer que todos los caminos del laberinto ya no conducen a una presencia. Que su imagen dejó de acompañarme habitualmente y que desearía que la opacidad de los años nunca turbe el brillo rasgado de sus ojos.

Supongamos que no existe el vértigo, ni el temblor de manos, ni el estómago con piedras ante la incertidumbre.

Supongamos que siempre habrá un siempre donde creer las verdades, donde no se escuchen recriminaciones, donde se apueste para y se viva por, donde yo sea refugio y no tormenta.

Supongamos que hay que seguir viviendo, seguir viviendo, seguir viviendo…

Por suponer, supongamos que puedo escribir algo que no sea basura sobre este papel virtual.



martes, febrero 04, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (4)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (4)

Todo tiene su nombre y su forma excepto la forma del nombre que nunca se escribe por miedo (sinónimo de temer y antónimo de realidad) a la maduración de las metáforas recitadas, al rechazo de lo tangible, a la posible decisión definitiva.

La forma de las canciones con nombre de mujer es curva como el arco tenso de un cazador de nubes.
Y la alegría pegadiza de los anexos, un canto a los próximos días de distracción, ocio y reencuentro: mentiras maquilladas.

Aristocráticamente formal, el viento cimbrea mi cuerpo voladizo mientras las dunas contestatarias mueven sus siluetas al compás de la incógnita e insinúan un abrazo áspero sobre las piernas.

Tengo el viento arrancando mi piel y el frío escarbando mis entrañas.

            Por eso me he puesto de acuerdo con el pequeño duende de los jueves y comienzo a editar sílabas entrelazadas, frase tras frase, párrafo tras párrafo, envolviéndolas en un papel de regalo imaginario que flotará por las ondas invisibles de lo remoto, sobre alfombras mágicas tejidas con cabellos y estambres, esperando que ningún miserable las espíe.
Ningún miserable que manipule.
Ningún miserable que tergiverse.
Ningún miserable que aceche para oscurecer.

Por eso me dejo arrastrar, como un toldo roto, por el viento que escupe su furia de poniente: para volar y perderme acompañando a la soledad desorientada.

Porque uno no es más que un acompañante subversivo y triste de tal soledad.

Cuando en las adversidades se encomienda a San Fortunato, patrón de los nicotínicos.

Antes de cuánto y cómo, que fue ahora y ya no es nada.

Lo supiste y ya no lo sabes.
O no quieres saberlo.