viernes, diciembre 19, 2014

Letras propias: Un tiempo de adiós



Según la teoría
todo el recuerdo debe tender al olvido.

Pero esta excepción que me ahoga
no fluye al sitio deseado
y se embalsa, remansándose,
en el valle de mis momentos.

Un gesto, una esquina, un olor,
una silueta, una tortuga de miga de pan…

Según mi teoría
mi intento de olvido tiende al recuerdo.

                                 De Un tiempo de adiós (Vitruvio 2008)


martes, diciembre 09, 2014

Letras propias: Correspondencia ordinaria 2



Un junio cualquiera
vino a hurgar en mi basura.

Un carro.
Un gancho.
Un exceso de carencias y unas manos heridas
rebuscando entre despojos.

Se llevó todo lo útil que desprecié:
la lata del corazón,
los cristales rotos de las ilusiones,
el llanto arrojado,
los labios tiznados por tantos carmines,
la calva de los cincuenta,
la lengua insensible y la imaginación anestesiada,
la poca dignidad,
los pedazos de los poemas
y el vacío de la matriz de donde surgí.

Cosas de poco uso.

Ahora,
por si regresa,
he vuelto a llenar el cubo de restos
tan inútiles que no se pueden ni enumerar:
disculpas perecederas,

Y espero, escondido detrás de la cortina,
al momento en el que aparezca,
cargue el carro,
de media vuelta y se marche
con el gancho sobre su hombro.

Como si fuera una guadaña asesina
desde la que cuelgan el resto
de los sueños
que tiré en el cubo de mi basura.

miércoles, diciembre 03, 2014

Letras propias: Correspondencia ordinaria 1



                                                                 1

No he hecho nada para perder
esa breve parcela de tu pensamiento.

He nacido lejos.

He jugado entre sonrisas.

He culpado al polvo de mis sollozos.

He bebido.

Con un poeta de ingeniería canté.

He vivido.

Nada.

Cuando he asomado mis ojos a tu abismo
las puntas de tus olas salpicaron mi rostro.

He encallado mi carne
en tus retornos.

He ofrecido las gotas de mi piel rajada
a la copa de tus profundidades.

He añorado tu mortecino ritmo.

He flotado sobre tí.

Puede que haya mentido sobre tu grandeza,
menospreciando tu mano de muerte
mientras hacías zozobrar almas y lluvias.

He paseado poco por el horizonte de tu fin.

Nunca acaricié un cuerpo en tu presencia.

Pensándote, la distancia del recuerdo es
ese primer fotograma dormido
que ninguna sala estrenó.

No hice nada para estar cerca de tí.

Desde la impotencia he visto caer los días
como si fueran gaviotas de tu cielo.

No he hecho nada más que imaginarte.

Aquí, en el centro de mi presencia,
sueño lo irreal de tu sueño
mientras vivo culpando al polvo de mis sollozos.

Te siento llamar a mi puerta
cuando tu agua viajera empapa
las ropas que me visten.

Miércoles, once de enero.

Una hora menos en Canarias.

jueves, octubre 23, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (y 20)



                                     Y olvidaré las calles que desande
                                      por si vuelve a surgirnos la ocasión
                                      de querernos como desconocidos.
                                                           Rafael Espejo

  
Ver abrirse las palabras por última vez.
Como cada noche.
Interpretar el significado de los amaneceres,
en las respuestas adormiladas del príncipe destronado
que aún reina en la penumbra.

En la lejanía, silencio.

Ver abrirse las palabras cerrando resquicios,
entornando párpados.
La madrugada es un animal rutinario que espera,
alimentado por la costumbre.

No tomes atajos, dijeron.

En la lejanía, el desencanto
cabalgando hacia la llama,
la vida sin avanzar,
el suspiro hacia lo perdido,
la conclusión anunciada.



jueves, octubre 16, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (19)



Repíteme tu nombre.
Entonces soñaré secuencias
alimentando mi descanso,
imaginando lo que no es.

Pregúntate
en el ángulo del misterio más latente,
dónde tus actos se hacen vulnerables,
qué respuestas esperas a tantos mensajes enviados.

Apenas acabe el día
seguirás siendo un intento,
un instante de marejada
que ahogará mi inconsciencia muda
mientras observo cómo no estoy
en las horas de las contestaciones.

Repíteme tu nombre en la lluvia,
en el extraño vientre de la lentitud
donde descansa el roce de un lamento
y el consuelo íntimo de la vigilia.

Pregúntate si el temblor de tu sombra
sobrevive al desvanecimiento de sus palabras
encendidas, a la desazón del no saber,
al ofrecimiento de lo ignorado.

Jamás así serás sombra silenciosa.
Acaso soledad transparente en la superficie
del perfume que azota el despertar
de otra mi noche desazogada,
huésped olvidado de los ojos de arena,
aliento de astros moribundos.

Repíteme tu nombre.
Dime qué dices para no decirlo,
qué dice para no escucharlo,
cómo arrancar mis ojos para no ver
un fantasma más
al que no se puede dar alcance.

sábado, septiembre 27, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (18)



Paseo.

Un hombre ebrio pasa llorando.

Junto a él soy un breve lapso entre las turbulencias.

Quedo callado, casi muerto, mientras las hojas se suicidan en el precipicio del otoño.

Soy sombra y observo y pregunto y quedo aprisionado en mí,

Trepano los pensamientos calados.

Abrazo un poema que habla en segunda persona.

A la segunda persona el primer pensamiento, la primera palabra dictada, el oxímoron imposible, la concatenación onírica sin pausas:

                Sube las persianas.
                Que entre luz.
                El motivo exacto por el que moverías
                tu vida.
                No dejes que siga viviendo el pasado
                que cuelga de tus noches en frases perchas,
                que viste de igual modo aunque cambien las estaciones.
                No dejes secarse las flores.
                Aunque sus pétalos caigan sin gritar
                y adornen, por última vez, el suelo que pisamos.

Paseo.

Un hombre ebrio pasó llorando.

Hay que aprender a echar de menos.

Que el olvido ocupe la memoria.

Que cuatro letras no quemen el corazón al leerlas en la pantalla.

Abrazo un poema que habla.

En segunda persona.


martes, septiembre 16, 2014

Letras ajenas: Pedro Antonio González Moreno



EL CERCO

Ahora que la noche
tiene ese aroma de la fruta
madura y llueve, ven
aquí. Sin prisa; deja
que el agua y la luz discurran
ya sin nosotros; ven, acércate
a este fuego. Las llamas
arden para los dos. No importa
que no haya velas encendidas.
Basta con avivar
de cuando en cuando los rescoldos. Echa
algún recuerdo (la memoria arde
como las ramas secas
de un nido); dale al fuego
todo lo que te pida, todo
lo que no sea posible
retener en los labios. Será larga
la noche, sin embargo
será más largo aún
el sueño. Ya no importa
salir al mundo, porque al otro lado
de estos cristales, puede
que el mundo ya haya sido borrado por la lluvia.
Sólo es preciso alimentar la lumbre
con más recuerdos, con
más mapas de ciudades e islas que habrán sido
también borradas por el agua. Sólo
procura que este fuego no se apague.
Haz un ramo de luz con esas llamas
para hacer frente al sueño o a la noche.
Antes de que la muerte
nos ponga cerco, llena
las copas. Nadie sabe
cuándo amanecerá. Sólo sabemos
que queda fuego para compartirlo.
Ahora que este oficio,
el de vivir sin más, se nos acaba
es el momento de avivar la hoguera.
Ahora que el invierno
se adueña poco a poco de las cosas.
Ahora que está todo
dispuesto y como a punto de soñarse.
Ahora que ya conozco tu nombre
                                                     y sé que nunca
tendrá un nombre más bello la derrota.

                                 De Anaqueles sin dueño (Ed. Hiperión)

sábado, septiembre 13, 2014

Letras ajenas: Javier Ruíz Taboada


DE NUEVO

Aquí empieza el camino de nuevo:
En la gota que colma el vaso,
en el vaso medio vacío,
en el vacío del sueño en el que vuelo,
en el vuelo del pájaro que deja el nido,
en el nido que cuelga de la rama más fina,
en la fina sonrisa de la luna,
en la luna de la noche nueva,
en la nueva pisada del camino.

Donde todo termina,
todo empieza de nuevo.

                 De Ropa interior (Ed, Renacimiento)

jueves, septiembre 04, 2014

Letras propias: Un tiempo de adiós.


En el bar de Alberto todos
preguntan por ti. Se asombran
de mi delgadez y profetizan
demiúrgicas proposiciones.
  
Al llegar la madrugada ya no quedan
lágrimas. Sólo cuatro locos cantan
las canciones que escupe el ordenador
y la vida se va haciendo
borrosa y somnolienta.
  
¡Lástima que en lo que queda de noche
no pueda tomarme un lormetazepan!

                                 De Un tiempo de adiós (Editorial Vitruvio)

miércoles, septiembre 03, 2014

Letras propias: Un tiempo de adiós



Te he escrito una carta sentida.
  
Apenas un breve pespunte en el traje
de la desilusión.
                   Y he creído
que podría soportar esta despedida.
  
Sobre tu cama, ya en tu casa, un montón de retales,
un puñado de nostalgia
y un ejército de letras.
  
Dentro de un sobre, tras la profundidad de las metáforas,
he cavado la sepultura
de mis esperanzas.

                             De Un tiempo de adiós (Editorial Vitruvio)


lunes, septiembre 01, 2014

Letras ajenas: Luis Alberto de Cuenca

                               
                                                    Fotografía: J. A. Segal

LA CENICIENTA

La vida no es gran cosa pero piensas
que es peor el olvido, de manera
que te muerdes los labios con los dientes
hasta que brota sangre y te pellizcas
lo más fuerte que puedes. Todo inútil.
El cloroformo invade tu cerebro
y comienza a sumirte en un nirvana
parecido a la muerte, mientras caes
de bruces ensuciando la moqueta.
Tu última visión antes del sueño
son unos zapatos de cristal
pateándote los riñones.

LA LLAMADA

La noche había sido muy larga y muy oscura.
Quería oír tu voz. Que tus dulces palabras
me trajeran un poco de calma. Que el cariño
que sentías por mi viajara por teléfono
hacia mi corazón maltrecho y derrotado.
Quería oír tu voz y oí la de tu amante.