jueves, octubre 04, 2012

Letras propias: Madrugada en la ciudad

Presente.


MADRUGADA EN LA CIUDAD

Consiénteme que filosofe
sobre tu pecho y empantane
tu vientre de amaneceres.

Que inunde tu mente de posos
y llene tu interna materia
de frágiles incógnitas.

Abasteciendo mi oscura soledad
por la luz de esos tibios albores.

Y, sin más rodeos,
empacharnos de lujuria
y no hacer el amor.

Hasta morir.

         De Rastros perdidos

miércoles, septiembre 19, 2012

Grandes letras ajenas: Paco Moral


Carta 24, 1992

El autobús
me ha dejado a la puerta de tu casa.

El autobús
no puede recorrer otra distancia.

El autobús
no sabe lo que pasa entre nosotros
ni yo ni tú.

Recorrer la ciudad
de punta a punta sólo para verte, sólo
para ese espacio de tiempo
de apenas diez minutos
cercado de autobuses, de paradas de metro,
de escaparates llenos de artículos de saldo,
de gente que pasea
su dolor o su tedio,
ese olor a ciudad apenas presentido
es, sin embargo, amor,
más nuestro que el olor de nuestros cuerpos,
el tuyo y el mío que casi ni se rozan,
que no se han dibujado sino en el aire, apenas
trazados en silencio cuando el mundo se duerme.

Debí besarte ayer. Para variar
era yo quien tenía que haber hecho
jirones con tu ropa, con tu vida,
con tu sudor vapor de agua.
Debí comerme el nido de tu vientre
en vez de acompañarte hasta tu casa,
verte sobrepasar las marquesinas,
entrar en tu portal para perderte
entre la nada, en ese oscuro túnel
que nos separa casi a cada rato.

Claro, debí besarte
y no llevarme a cuestas tanto deseo, tanto
desasosiego como cargo encima
cuando tu boca no me sabe a hierba
sino a derrota.

Debí de hacerlo,
aunque tú no quisieras.

         De El libro de las cartas (Editorial Vitruvio)

viernes, septiembre 14, 2012

Intrascendencias

Pasado.

Nada de lo escrito fue entendido.

Las palabras se consideraron un ataque, una invasión al libre albedrío, un correctivo segmentado que nunca quiso pertenecer a lo insólito.

Y no fue así.

Había algo más que un borrón entre líneas, algo más que una breve mancha surgida del griterío de los pocos días o de la transpiración de un momento cualquiera.
Se situaba en un lugar que no era el suyo para intentar enlazar una letras incomprendidas y borrosas antes de dar media vuelta y despejar el camino, antes de no doler más de lo que ya dolía.
Vivir era un pequeño recinto de habladurías y contrabandos en la calle estrecha, donde lo más amado fue lo imposible, lo incierto.
Y lo irreal, lo más buscado.

Nada fue escrito si no había un retal de noche envolviendo los ojos y unos dedos torpes apabullando las letras. Y las frases fueron verdades aunque no se las creyesen.

Nada de lo escrito y enviado fue entendido: ni los sentimientos que se desparramaban entre las líneas imaginarias, ni las circunstancias, ni los pronombres.

Se dijo que el tiempo se detuvo y lo que ocurrió es que se pudo vivir unos instantes más, pero poco más, porque las expectativas crecieron como álamos inmensos.

No se ha entendido nada excepto la música de una noche más sobreviviendo al alcohol y a las llantas quemando el asfalto.

La madrugada abraza la fe perdida.
Como la brisa.

         
                    Como la brisa

                    Todo esto pasará, como la brisa
                    va borrando las dunas por la playa.
                    No quedará de mí ni esta  brevísima
                    tristeza en la que envuelvo mis palabras.

                    ¿Pero. acaso. no vine para esto?

                    (Entristecido, voy cerrando mi vieja
                    estilográfica).

                                        Rafael Montesinos

jueves, septiembre 13, 2012

Intrascendencias


Pasado.

Hubiera merecido una respuesta. Un último estertor en forma de palabras para explicar todo aquello que quedó pendiente, las definitivas vicisitudes que parecían imprevistas pero que fueron previsibles.

Hubiera merecido una llamada. Un ínfimo esfuerzo para teclear nueve números y repetir, con voz mecánica, el criptograma póstumo que quedó pendiente en sus espacios.

Pero ya no quiso montarse en aquella atracción de feria. Y, al no comprarse ese nuevo billete, evitó otro vacío en el estómago y un escalofrío prematuro por el relente de la madrugada.

En tal enfermedad las arcadas de la ausencia son medicamente incurables y hay una peligrosa exposición al contagio cuando se escuchan voces lejanas y de reproches.

Sólo quedaba esperar a la declaración de cuarentena por parte de las autoridades pertinentes.

                            Siéntate
                            a la mesa.
                            Bebe un vaso
                            de agua. Saborea
                            cada trago.
                            Y piensa
                            en todo el tiempo
                            que has perdido.
                            El que estás perdiendo.
                            El tiempo 
                            que te queda por perder.
                                           Roger Wolfe


viernes, agosto 31, 2012

Improvisaciones en un diario

Pasado.


Teclea con dedos torpes las letras que levitan en el teclado de la pantalla. No tiene ganas de dar explicaciones y se deja arropar por el aura aislante que desprende para las grandes ocasiones de tristeza.
No necesita que le enseñen el origen de la piedra filosofal, ni el estallido primario que hizo surgir el universo, ni las doctrinas tántricas del bienestar o la entereza que dan la paz y la vida. No necesita que le abofeteen literariamente con un guante de seda, ni que le escupan sobre los ojos adjetivos duros acerca de actitudes (¿o eran aptitudes?) primarias.
 Los martillos neumáticos suenan como orquesta de fondo y las voces, antes apagadas, van arañando como los dedos de la zarza de septiembre, van ocupando el espacio antes vacío que dormitaba entre silencios, entre el humo de las almohadas y el respaldo de los sillones.
A lo lejos, suenan tacones acercándose y corazones alejándose. El eco de las piedras lanzadas al agua reverbera en la espuma de los recuerdos: ¿qué extraño cuadrante abarca los movimientos que nunca hacemos, los abrazos implicados, los abandonados reproches, los actos inconclusos, las caídas reiteradas?
Cae el estío con la fuerza de la desgana y el viento enfría los descubrimientos tardíos y desagradables de las sorpresas.
Es tiempo de mudanzas.

La vida…es acordarse de un despertar
triste en un tren, al alba: haber visto
fuera la incierta luz: haber sentido
en el cuerpo cansado la melancolía
áspera y virgen del aire punzante. 
                        Sandro Penna

miércoles, agosto 22, 2012

Improvisaciones en un diario

Atemporalidad.

Pudo haberse imaginado el rostro en la ausencia. Haber puesto color en los ojos y carmín en los labios.
Pudo haber soñado el intento de nadar tanta distancia (en brazadas lentas, como queriendo posponer el encuentro) y descubrir el nuevo mundo nunca prometido.
Pudo haberlo hecho.
Pero sólo ha sabido enviar unas palabras de admiración en una botella electrónica.
Y otras letras inservibles que sólo pueden ser descifradas. O intuidas.
Ha vuelto.
El desfase del tiempo mantiene dormida a la quimera.
Y despierto el deseo.

jueves, julio 26, 2012

Improvisaciones en un diario

¿Presente?, ¿Pasado?...

Si le dicen que esperan conocerla algún día, no les haga caso. Puede que este enigma acerbo que les corroe les obligue a decir muchas cosas que no piensan. Irracionalidades.

Explican que ahora todo es distinto desde que usted se asoma por sus páginas e imaginan sus ojos posados sobre la cuartilla electrónica.
Que imaginan, dicen, los pensamientos que corretean los kilómetros de distancia, como modernos bastardos que afilasen sus dotes adivinatorias con piedras planas, primitivas y pasadas.

Pero todos saben que están equivocados.

No se puede desear lo desconocido, no se pueden manipular los engañosos sentimientos que asoman por el espacio separador, por las comas o las interrogaciones, no se puede gritar cuando ningún oído escucha.

Usted no sabe cómo son.

Usted, que se escarcha en la soledad, que alguna tarde suicida su tiempo con cine y palabras, que narra el estremecimiento de su cuerpo en otros brazos, que desviste la sonrisa a jirones, no puede ni imaginarse cuánto esperan su llegada.

Usted, que crispa sus dedos sujetando papeles arrugados, plumas quebradas, libros con palabras enmohecidas, no pone rostro a sus líneas.

Usted, que no espera más llamadas pero le atrae este grito, que posó sus antojos en el hueco del maletín desfondado, no sabría reaccionar ante la evidencia.

Porque nunca la distancia fue tan grande.

Ni la sorpresa de los acertijos con los que, antes o después, descubrirá la verdad de ellos.

Cuando todo converja en la solitaria unidad.


miércoles, julio 18, 2012

Letras propias: Viaje en el dorso del destino

Presente.


VIAJE EN EL DORSO DEL DESTINO

Si temblasen un instante mis manos
como estos gorriones que bailan al viento,
podría reconocer el miedo en la despedida
justificando un escalofrío.

He vencido:
la derrota es mía.

De esta obsesión astigmática,
de este asaltar el destino,
de este adiós fraudulento,
un viaje colgado en la catenaria de la tristeza
-desde nunca a nunca más-
con un billete hacia ningún motivo.

                                 De Rastros perdidos

miércoles, julio 04, 2012

Improvisaciones en un diario

Pasado.


Hora punta en la Calle 30: hay retenciones a la altura del Puente de Ventas hasta el nudo de Manoteras...

No importa que el calor atosigue y azogue, ni las consonancias a propósito de hoy. Poco importa que el amanecer sea un delirio de violines y pianos, escalas y odios; que la entrada por la entrada incluya murmuraciones y buenos deseos falsos, alabanzas, vísperas, subterfugios. Nada importa el valor ni el arrojo, la lección olvidada y el deseo inalcanzable.

Poca perseverancia. Raras piedras destiladas en el alambique de la futura ebriedad, en la probeta de la ruinosa rutina: poca paciencia para las cartas que duermen boca arriba y destilan olvido, sólo olvido.
A través del espejo habrá una estación, un destino, un origen. A través del espejo el corazón late en la derecha cóncava, las sienes repiquetean y cambiará el estado verbal. A través del espejo latirá un destino cóncavo donde ahora hay una estación nunca escrita, nunca descrita por las manos que se recorren sin concepto.

La factura de los instantes es saldo gastado. La pérdida de la incredulidad es una garra violenta que desgaja los muros del desamparo, las luces ensombrecidas y agonizantes, las respiraciones rítmicas. La factura pagada endeuda el resto de agradecimiento. Sin saldo.

Podemos encontrar más retenciones en la A2 a la altura de Torrejón y San Fernado, por avería de un vehículo en el carril derecho...


lunes, junio 18, 2012

Improvisaciones en un diario

Pasado.

Desde la cima del mundo, la perspectiva oblicua de los caminos. Desde el ángulo absurdo de la esquina, la recompensa insospechada de la sorpresa.
Transcribe:
"Casi cuatrocientos kilómetros y un recuerdo de contrabando. Una mirada inoportuna y un deglutir la abstinencia en momentos de desespero por no llegar a lo deseado.
Las calles son estrechas, excesivamente lánguidas y uniformes, grises, concupiscentes y pecadoras, Las calles son las protagonistas de ese casco antiguo de la ciudad,
Las calles y el vino: compañeros inseparables de los grises pecadores que tercian los relojes en arquetipos imaginarios (¿tendrá algo de sentido esta última frase?)
Todo se bambolea y se dispersa en ese carrusel de borrachos, todo se constriñe y se expande, se difumina, se absorta, se envenena...
La narrativa enseñorea su presencia entre otras presencias y las presentaciones, entre los deslices y los improperios, la burla , el alcohol y la inconsciencia. ¡Hay que llegar de tan lejos!, ¡hay que viajar desde dentro para sonreír hacia!
Y elucubrar, pensar, hilvanar situaciones que compongan un traje duradero (por lo menos hasta el amanecer) y les vistan las vergüenzas expuestas detrás de las barras (Señorita: otra ronda, por favor!)
Campos y campos de vides mueren entre las manos, se diluyen a través de pequeñas cascadas indefinidas que desembocan en macetas y parterres, fermentan en silos de vísceras que metabolizan sus esencias, sus ebrios designios.
La noche ha muerto y la vela la madrugada.
El sol será el encargado de incinerarlas."

         El aire sucio contiene una cierta magia romántica.
                                                   Robert Walser

jueves, junio 07, 2012

Improvisaciones en un diario

Pasado.


Se propone un juego de palabras que abarque todas las insatisfacciones. Reta a sus sueños a una redacción imposible acerca de un concepto que habitaba en el libro de autoayuda que alguien le prestó hace tiempo.
¡Qué curioso!: coloca, sin avisar, un pequeño prefacio y una parrafada ya escrita junto a un poema de un libro inacabado.
 Y no da más explicaciones a las características de ese imbécil sentimental, porque no las hay. En realidad no hay nada salvo una fachada cínica que no conduce a sitio alguno pero que vale perfectamente para sobrevivir.
Es todo.
            Sabe de su pobre bagaje para las cosas infinitas, de su actuación cotidiana para subsistir, para no mostrar tanta mansedumbre, tanta cobardía.
Sabe de mundos irreales que nunca serán habitados por él, por sus ilusiones, por la minúscula partícula que mueve la parte oculta del corazón.
Sabe que la amargura mancha.
            Por eso, por tantas cosas que el tiempo le ha robado, por tantas citas perdidas y tantas palabras encontradas, es un imbécil sentimental.
Por necesidad. Sí: necesidad de oír lo que siempre quisiera oír y nunca escucha.
Por terminar, aunque sólo sea este pequeño prólogo, con las palabras que le debe.
Por todo.

Soledad...Yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman...Moriré como ellos mueren.
              Marguerite Yourcenar