martes, febrero 04, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (4)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (4)

Todo tiene su nombre y su forma excepto la forma del nombre que nunca se escribe por miedo (sinónimo de temer y antónimo de realidad) a la maduración de las metáforas recitadas, al rechazo de lo tangible, a la posible decisión definitiva.

La forma de las canciones con nombre de mujer es curva como el arco tenso de un cazador de nubes.
Y la alegría pegadiza de los anexos, un canto a los próximos días de distracción, ocio y reencuentro: mentiras maquilladas.

Aristocráticamente formal, el viento cimbrea mi cuerpo voladizo mientras las dunas contestatarias mueven sus siluetas al compás de la incógnita e insinúan un abrazo áspero sobre las piernas.

Tengo el viento arrancando mi piel y el frío escarbando mis entrañas.

            Por eso me he puesto de acuerdo con el pequeño duende de los jueves y comienzo a editar sílabas entrelazadas, frase tras frase, párrafo tras párrafo, envolviéndolas en un papel de regalo imaginario que flotará por las ondas invisibles de lo remoto, sobre alfombras mágicas tejidas con cabellos y estambres, esperando que ningún miserable las espíe.
Ningún miserable que manipule.
Ningún miserable que tergiverse.
Ningún miserable que aceche para oscurecer.

Por eso me dejo arrastrar, como un toldo roto, por el viento que escupe su furia de poniente: para volar y perderme acompañando a la soledad desorientada.

Porque uno no es más que un acompañante subversivo y triste de tal soledad.

Cuando en las adversidades se encomienda a San Fortunato, patrón de los nicotínicos.

Antes de cuánto y cómo, que fue ahora y ya no es nada.

Lo supiste y ya no lo sabes.
O no quieres saberlo.

miércoles, enero 29, 2014

Letras propias: Sueños de madrugada


SUEÑOS DE MADRUGADA

Unas notas en un espacio indefinido.
Apenas pespuntes en el retal de un universo en blanco
que definen la escala de la predisposición.

Unas letras iluminando la madrugada
como comentarios que volasen en alas de sombra
con fechas de futuro impregnadas de apetito.

Hoy soñé con devorar tus deseos, como depredador
hambriento que desgarrase el tiempo desembarcando,
para reposar después en el escaparate de tus brazos.

Hoy puedo soñar que sea mañana y observe
tu firma entre las páginas del armisticio,
tus ojos pintados, el duelo concluido, la resurrección.

Yo plasmo mis letras, como notas, en este intervalo
donde antes escribiste todos tus miedos
que he intentado cocinar a fuego lento.

Para que ese futuro tenga el sabor de certeza.

Allí donde las promesas siempre se cumplen.


viernes, enero 24, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (3)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (3)

Me ha sentado frente a la ventana.
Con los ojos fijos al cristal y la mirada perdida sobre lo indefinido he decidido escuchar el rumor danzante de la lluvia caleidoscópica que dibuja lágrimas sobre el vidrio.
            El epicentro exacto de la utopía es un temblor quejumbroso de muchos grados sobre la escala Richter y dicho movimiento no conseguirá derribar los cánones establecidos desde los pensamientos ajenos, las desconfianzas, las sombras, las caídas de las cornisas desgastadas, la respiración necesaria…
En una de las últimas charlas lidiadas al albur de las estrellas alguien comentó en voz alta una multitud de irrealidades y se dedujo que algún mal perpetuo puede paliarse con la ensoñación, pero que todo ha de ser aceptable y aceptado.
Ya no sirven excusas para llegar a la meta pero… ¿cuál es la meta?
La lluvia va codificando el horizonte. Pero hoy no es Noviembre, ni el futuro con borrascas será primavera.
Y entre enigmas y frases inconexas –terribles, algunas, y dignas de incluirse en los epistolarios más nocivos- el alba de mi pensamiento se torna en matices blancos y grises hundiendo las ideas en un viejo camino nevado, génesis del presente invierno que late entre la figura que relata amargura y la verdad no creída.
¿Dónde está la meta?
No por aquí, parece.
Ni en el camino del mañana que fue otro mes y ahora es una eterna ventisca de sinrazones. Sólo el invierno quema mis manos como brasas de hogueras, fundiendo troncos de cicatrices en calderos de sangre repetida.
No debería de surgir la duda ante la certeza de lo cierto (redundo).
No ha de surgir un leve resuello, un pestañeo pasajero y peregrino, buhonero de mil caminos y voces.
Nada surge del silencio de dos presencias, de una respuesta sincera y desgarradora (¡siempre lo supe!, repito), de una utopía encallada, de repente, entre las rocas del faro que debía iluminar y sólo ciega.
¿Dónde está la meta, tu meta?
¿Por aquí?
Los monólogos pasados no dan patente de corso para diálogos futuros, pero el lenguaje es tan versátil, tan moldeable, que los ecos de las palabras esculpen escenas atípicas en tierras lejanas.
Y se repiten como bucles gigantescos que triturasen mis costados estrangulando mis pulmones.
            Echo de menos presencias que conviven y no están y hablan de despedidas con compromisos de promesas de no espera. Los días en los que existan esas ausencias serán días largos y monótonos, sin sorpresas.
Un nombre se pronuncia en las gélidas horas de la mañana.
Hoy es viernes.
Hace un rato, cuando abrí los ojos definitivamente, fueron las cinco y diez y alguien se preguntará a qué viene todo esto.
Sólo literatura.

viernes, enero 10, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (2)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (2)

            Otra noche más robando sueño al sueño.

            Como un murciélago que guardase las monedas de su juventud y viese en su ceguera su despertar, su soledad y su literatura: flor de novela inacabada, despojo de eternidad y antorcha.

            Todo lo huido del huracán que arrasó las baldas de las estancias, las perchas de lo olvidado (hasta la primera blusa de la primera vez) y los desmayos de las canciones traídas por el Mar de Alborán.
            Otra noche más de soledad y química, de espanto y concierto, de desaliños conmovedores.

            Si no importase la soledad…
Si no importase saber que la soledad es una sala de fiestas con aforo completo, una calle comercial en rebajas, una cama vacía sin un cuerpo al que abrazar, un no recibir un beso en el rostro somnoliento de cada mañana…

            Me arropan sábanas aturdidas con rumores incompletos de tinieblas y preguntas en el cobertizo que creí cerrado.
            Rumores de literatura cuando la literatura es barro del viento posado en escalones, hoguera en vigilia que quema los párpados, incógnita, remanso.
            Un duende negro sin beso amanecido que roba sueño al sueño en soledad.



viernes, enero 03, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (1)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (1)

Paseas entre la gente, inevitable, con la voz opaca en las contestaciones y adoptando el cinismo que siempre reprochaste. Caen a plomo los acontecimientos como lunas de hormigón inacabadas e intentas que el viento despeje la nebulosa que oculta tus días desde los últimos hechos.
Ya no vibras con los sueños. Y los versos que antes rectificabas son cadenas rotas que se han arrinconado en una buhardilla.
No sabes lo que habrá de llegar pero sí conoces lo pasado.
Suficiente.

Yo también fui una sonrisa viajera que llenó de caricias algunas noches de verano, en algún pueblo, mientras escribía deseos en los amaneceres y paseaba bajo las constelaciones diseñando nuevas coreografías en el baile de la vida.
También busqué de rodillas una respuesta y observé, silencioso, la lenta cadencia de la indecisión que partía el pecho como un estoque certero, la huida hacia quién sabe dónde, la injusticia de la incomunicación, el final de los cantos del gallo, la magia de los ascensores vista con los ojos de una niña…¡y tantas preguntas sin responder que luego el tiempo aclaró!
Pero eso fue hace mucho. Mucho antes de las palabras de rencor que salieron de unos labios (sólo cinco minutos) que no reconocí.
O no hace tanto y parece que fue otra existencia.
Lo ignorado, a veces, abrasa el límite del entendimiento y hace que respiremos con dificultad, que lloremos sin motivo, que no podamos articular palabra ante los preocupados.

Ahora, de vez en cuando, una mujer extranjera habla de su casa de papel, de jardines y hojas, de mariposas y retratos, de días de sol y lluvia en paisajes campesinos, de soledad. Y sus letras acompañan esta tristeza que ocupa los días como un lago sin horizonte.

Yo también soy, como tú, una voz opaca en las contestaciones y paseo entre la gente con el cinismo que reprochaste; y mis acontecimientos caen a plomo, como lunas de hormigón, sin saber muy bien porqué.

No sabes lo que habrá de llegar.
Yo sólo puedo ofrecerte estas líneas de consuelo.
O mi mano.
O un paseo sobre mis letras.

viernes, diciembre 27, 2013

Letras propias: Fin de trayecto.



FIN DE TRAYECTO

                                             A Encar Díaz González
  
Yo era el cobarde resguardado en la trinchera
que sólo hostigaba por placer,
el mendigo hambriento de carne,
el alcohólico insomne y rebelde.

Pero el placer es un pretexto del tiempo
para no envejecer, una hoja barrida,
un cristal quebrado por el verdugo del deseo.
Lo descubrí una madrugada de sombras
mientras disparaba el último proyectil
hacia mi corazón.

Yo presumí de cegueras, dislates y fracasos
alcanzados en horizontes dispersos,
de nombres desconocidos, de música y poemas,
de ganar, de perder…

Yo era el tren de tu parábola.

Pero ahora no me pidas, amiga,
que este tren siga viajando sin railes,
ni que abra más puertas para crear soledad,
ni que mi amor se apee y busque
ajenas esquinas donde observar nostalgias,
otros arroyos donde beber tristeza (aunque, alguna vez,
te dije que la tristeza se masticaba)
o distintos espacios para mantener los mismos
silencios.

No me lo pidas.

Sé que tu corazón está dividido
para muchas personas.

Y me cuentas que ella tiene su historia.

Pero ahora permíteme que en mi derrota me resguarde,
haciendo tramas de su recuerdo, para no sufrir
la intemperie en una casa con habitaciones
pintadas de inocencia y vacío
y con restos de un perfume francés
impregnado en las retinas.
Ahora permíteme que esta nueva trinchera sea
la patria de ese cobarde agonizante.

Sé de tu corazón dividido.

Y de la historia de ella
(hasta las palabras finales)

Pero, ahora, yo sólo pido tu brazo para aguantar
en pie esta rendición,
para dejar de ser bisectriz
y llegar a ser eterno en mi insignificancia.

                             De Cuadros sin colgar


viernes, diciembre 06, 2013

Letras propias: Puntos suspensivos



Puntos suspensivos


De repente, el insomnio.

El frío que asesina mientras se escribe
bajo la ventisca,
el vaho que enmohece las extremidades
si se galopa en la carretera,
la nada…

De repente, una casa vacía.

Una lavadora encendida
y la ropa sin tender,
marcos desubicados, ceniceros con colillas,
maullidos de nostalgias, futuros
suspensos, gallos cantando en la oscuridad
y monólogos sin respuesta…

De repente, el paisaje cataclismo.

El chasquido del tabaco quemándose,
imperfecciones en los espejos, estómagos
vacíos, pantallas muertas,
enumeraciones concatenadas, tristezas
alternativas, adjetivos cincelados
para criticar veintitrés
versos en huida…

De repente, lágrimas
cayendo de los ojos como el otoño…




martes, noviembre 12, 2013

Letras propias: Intrascendencias.


Ofrecí un paraguas para las nubes llorosas,
un bastón de nenúfares para los rayos,
una barca para el mar dolido,
una armadura de pétalos para la batalla,
un silencio aterciopelado para la fiesta de clausura,
un pedazo de sonrisa para el abrazo clandestino,
un dátil de porcelana para adornar el frutero,
un paseo para rumorear bajo el silencio de los álamos,
un beso contrabandista y asaltante,
un trocito de polvo de estrella arrinconado,
el último estertor de la alegría,
un retal de futuro grapado a un billete hacia la felicidad, 
otra oportunidad a la esquina de las citas,
una muerte a la muerte
y la vida para la vida
(¿nacerá?)

No sé porqué este empeño de mezclar lo imposible con lo posible
si la respuesta duerme bajo las sábanas de lo desconocido
y aún no ha caminado el nuevo tiempo de ojos rasgados
desde el amanecer que rompe miedos antiguos. 

Ofrecí al nuevo día un sueño
y me trajo tu mano.

viernes, octubre 25, 2013

Letras propias: Intrascendencias.


Variaciones sobre el sueño de una mujer.
  
Hoy toca idolatrar a la diosa Pereza (¿es una canción conocida lo que escucho en mi entorno?) con la pasión de los desesperados.
No hay motivo alguno que delimite una funcionalidad o consecución diferente: todo sigue igual y ya es complicado discernir los conceptos.
La vida es demasiado previsible.

Llueve.
Llueve sobre el cristal del coche y sobre el minutero del reloj que me recibe a estas horas.
¡Estas horas!
Estas horas en las que parece que la vigilia se adueña de la racionalidad y todo sigue lejano, silencioso, guardando las apariencias a la rutina, traspasando la distancia, esculpido.

He recordado el sueño que tuviste anoche y he podido sonreír.
No creí ser protagonista de historia alguna y el subconsciente hace que aparezca entre las líneas de tus escenas, sobresaliendo entre las dunas de tus madrugadas.
He podido sonreír mientras tu voz lo relataba.

Discutes y justificas.
Achaco la pesadilla narrada al exceso de alimento durante la cena.
Te escudas en divagaciones.
Ataco tus argumentos mientras vibra el piercing de tu nariz.

Y me propongo escribir algo banal de esta anécdota absurda, con tu voz en la distancia  testificando como si fuera un relleno añadido al pastel del libro que leíste hace unos días: un relleno de distinto sabor y con distinto aroma.

Sigo siendo un artesano de lo pueril, un albañil de lo endeble.
Pero he podido sonreír, agradecido por los instantes regalados.

Ahora ya sabes cual es mi labor en los intervalos perdidos con los que el tiempo me derrota: construir quimeras ante el silencio.

Ya sabes de mi dolor, de mis herramientas.

Pero nunca sabrás quién soy.

martes, octubre 22, 2013

Letras propias: Un tiempo de adiós.



No se porqué tengo
la sensación de que me observas. Ahora
que tu recuerdo es vago y duerme
bajo los soportales de la ausencia,
todo diferido,
intento explicar los compases de esta danza.
  
Soy un bailarín de alquiler
esperando que alguien me contrate.

                    De Un tiempo de adiós.

martes, octubre 08, 2013

Letras propias: Intrascendencias.



../..Digamos, simplemente, que prefiero expresarme con letras a hacerlo con palabras, por una extraña manía que ha ido acrecentándose en el tiempo (y soy demasiado mayor para cambiar)../..

Fueron las primeras frases que escribí, las primeras intrascendencias.
Recuerdo que era el año 2002 (o 2003: sabes que soy un desastre para las fechas) y comenzaba una cascada de escritos cuya única lectora eras tú.
Recuerdo, también, que mi maleta estaba repleta de palabras, de sensaciones, y cargaba con ella por las calles como un vagabundo que llevase su casa a cuestas; sin rumbo ni destino.
Y tú me ayudaste a llevarla.
Fueron días de descubrimientos, de observaciones, de viajes y reencuentros. No existía la distancia y el mundo era un acuario inmenso donde nadábamos entre corales y tiburones.

Lo importante, la magnitud equiparable al infinito, es mostrar el pecho (por dentro, ya que exteriormente más vale taparlo), cerrado durante lustros, al espejo de las palmas de unas manos, y no sentir dolor. Lo importante es que…

Miles de letras que ocuparon un espacio vacío. Como ahora ha quedado vacío el recuerdo de aquellos días de plomo y plata, de incorrecciones, de huidas crepusculares y actos socialmente aceptados.
Si no fuera por lo escrito hubiera olvidado todo, tal y como pude olvidar tantos detalles.
La memoria es un hilo fino que se parte ante el descuido y la dejadez, ante la conservación del raciocinio, anta el posible crujir de la salud mental: un mecanismo de defensa para el dolor.

Bajo los cirros de las nubes, donde lo inalcanzable tiene un nombre y la vida un adjetivo. Más arriba de la pared en la cual escribí mi primer poema con el carbón ennegrecido de una hoguera apagada.
Un poco más arriba

La distancia engendra olvido: no todo el mundo lo sabe. Yo lo descubrí.
El tiempo reposó todo aquello y la vida se convirtió en un bucle que absorbía todo lo que encontraba a su alrededor.

Hasta hoy.
Donde el presente es un agujero negro que socava esta nueva era de incógnitas y preguntas, de incertidumbres y aislamientos
Y el bucle se funde con el caos.
Y mi vida es un tránsito sin meta definida, a mi pesar.

A estas horas de la tarde y con la tristeza a la vuelta de la esquina, relleno el último folio con fachadas nuevas sobre cimientos antiguos

Sé que me escuchas.
Sé que abriste el último libro que escribí y te detuviste en algún pasaje conocido.
Sé que, aunque no sonrías como siempre, tus ojos cerrados atienden los susurros de estos últimos pensamientos que te traslado mientras te observo, dormida, dentro de tu féretro.

Y que me estás preguntando cómo me va la vida, cómo camina mi futuro con esa mujer de la que te hablé la última vez y que me había vuelto a abrir la puerta de la sonrisa, cómo está el pequeño Mario, cómo mis poemas.

No puedo decirte gran cosa: corren tiempos de mudanzas e incomunicaciones.
Y me siento tan inseguro…
Y la única certeza es que ya no podré contarte algún secreto, ningún desenlace.
Nunca fue más ingrata la muerte.
Nunca nadie volverá a nombrarme como me nombraste.

Ahora, como entonces, una cita.
Extensible a la realidad, a lo actual.
Como siempre.

Descansa en paz.

“De tu vida sólo me diste un instante. Tengo la certeza de que, pese al pasado y pese al futuro, en el latido eterno de ese único instante de nuestras vidas, me amas”
            Jeremy Irons en La Caja China