lunes, marzo 24, 2014

Letras propias. Cuaderno de conclusiones (7)



CUADERNO DE CONCLUSIONES (7)

Pensamiento: si la dolencia exacta de un pecado es la penitencia cabal de una locura, entonces dejemos que nuestros sentimientos se pudran en el caldero infernal de lo improvisado.

Puede que el amor tenga una hoja caduca, retama de atardeceres en los sarmientos de los crepúsculos.
O puede que el amor sea otro viaje sin luces.

En la oscura vereda, dos faros alumbrando los fugaces pasos de la rutina. Allí donde la sombra del partir siempre es alargada, en dos direcciones separadas, en dos caminos distintos y con un solo fin para tanta perseverancia.

Carraspear sangre, vomitar certezas, toser olvido, escupir maldiciones….

Repetir y repetir (el eco es una marea lunática) aquello que se dijo en las mañanas frías de los desencuentros, en los textos malinterpretados.

Citar.

Memorizar como una lección de escuela: “hoy se unirán los griegos al citoplasma de los frisos inacabados por las sinonimias de las mesetas”.

Sin arrepentirse de algo –se dice- excepto del futuro que nunca llegará.
O no: el futuro llegará y traerá paz, unos labios bailarines (claqué de película) y unas plumas quemadas sobre las ascuas de las esquirlas de las cancelas.

Sigue añorando desesperadamente.
Sigue apretando su recuerdo entre los libros abandonados con pétalos de rosas.

Sigue pensando en la suerte de su vida.

Y en no torpedear más este barco para no hacerle zozobrar, antes de ser deriva.


miércoles, marzo 19, 2014

Letras propias: Una carta tardía



CARTA TARDÍA


                             ¿Qué es lo más alto?
                              Poder sufrir con ánimo alegre la contrariedad,
                              Llevar cuanto sucede como si lo hubiésemos querido.
                                                                  Séneca


 Todo empezó un jueves, ¿te acuerdas?

Ambrós y Peñascales tenían casi cuarenta años menos -exagero, como siempre: algo más de treinta- y las manos de los cedros de aquel parque ondulaban detrás del mar de la ventana.

Mientras mi madre zurcía mis rodillas fui creciendo entre vinilos, billares y poemas sordos que nunca llegaron a tus oídos. Porque nunca quise hacer palabras de mis sueños y sí versos de mis dolores.

La ciudad adolescente, mímica y triste, velaba mis pasos con lágrimas de huida, restos de cigarrillos y desgreñadas esquinas recién despiertas después de una noche de borrachera.

Como un ciego leí tus dedos, besé las letras de aquella única carta y escribí tu adiós con el escozor de una quemadura incurable, dejando a Jackson Browne la interminable terapia de esos días.

Tantos nombres propios, tantos miedos, tantas heridas de lluvia y charquitos pisados, tantos duelos...

Todo empezó un jueves.
Recuerdo.

Pero han pasado muchos años y han dolido muchos muertos.

Y desde esta penumbra del mundo, yo –que no tengo término medio- siento muchísimo no poder decirte a ti, a mí, a lo nunca nuestro, que llegué tarde.
Que casi morí como ellos.

Que la cicatriz de la herida formó un surco inmenso donde planté billetes de metro, páginas llenas de escorias y frases huecas, un libro desguazado, un suspiro difuso, toda una vida ajena a aquello…

Y un trigal infinito en el que cada espiga fue un recuerdo.

Pero hoy sólo eres un rostro borroso entre las súplicas que emití.
Y escribo nuevos versos para el futuro queriendo llenar las páginas de letras vivas, con el reencuentro de lo que fue sentido y alguna vez se perdió.

Y llevo todo lo alegre que sucede porque he apostado contra la contrariedad.

Como si lo hubiese querido.  


lunes, marzo 10, 2014

Letras ajenas: Ángel González



BREVES ACOTACIONES

Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.

Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte esta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.


martes, marzo 04, 2014

Letras ajenas: Dámaso Alonso


INSOMNIO

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este
nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los
perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como
un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre
caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por
qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta
ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?


viernes, febrero 28, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (6)



CUADERNO DE CONCLUSIONES (6)
  
La efervescencia.

Ese matiz convexo que surge, gastado e inconfesable, acabando de fluir cuando ya es caudal improvisado.

Ese viajar a lomos de la predilección, ese circundar la isla de los párpados manantiales.

Efecto desborde tintado en el reloj digital, fanal cercano en el retorno.

Desde entonces, cuando te quise, los tentáculos de mi voz llamándote en resucitada creencia sin testigos.

Desde entonces, cuando te quise, el hondo misterio del volumen ingrato de la improbabilidad.

La efervescencia que aplaca el adiós -sí: quise marcharme- haciendo crecer las alas del hermetismo averiguado.

Sin más imágenes que los campos del febrero feliz durante la lluvia vaciada más allá de las formas.

Desde entonces, cuando te quiero, no ocultes nada, no dispenses favores en los altares del pasado, no des oportunidades a lo muerto.

No me arrincones.

Si acompañas mi presencia, no dejes que la duda de tus ocultaciones detenga el olor de las rosas que el futuro de la efervescencia ha de entregarte.                                      



lunes, febrero 17, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (5)

                                                                   Fotografía: Soledad Nieto

Supongamos que puedo escribir algo.

Supongamos que lo escrito tenga algún sentido y no parezca un montón de basura acumulada sobre este papel virtual.

Supongamos, aunque sea mucho suponer, que ignoro el tiempo y no me importan las horas, o las conexiones en los minutos, o los silencios palpables, o las situaciones que perturban sin que me perturben, o los paréntesis, o las euforias descontroladas antes de frenarlas.

Supongamos que sólo pido un pequeño respiro a mis palabras, un diminuto fragmento exhalado por la garganta. Ni siquiera una distancia medida: me conformo con alcanzar allí donde abarcan los ojos (ser papel, pantalla o fachada y esperar vanamente esa afirmación que no llegará a dibujarse).

Supongamos no poder mentir, aunque a veces lo desee, para descifrar un disimulo y explicar que nadie puede hace volar las pajaritas de papel, brillar las estrellas eléctricas o despertar los cariños enmohecidos: que solo yo lo consigo cuando no lo consigo, aunque no sea recurrente.

Supongamos que ningún poder emana de mis manos cansadas y dormidas mientras comprendo que ya no hay sueños.

Supongamos que, como apátridas, estas líneas no pertenecen a sitio alguno. Que son escritas para ordenar esa madeja de ideas que no puedo comentar, por ese pudor tan íntimo, para reconocer que todos los caminos del laberinto ya no conducen a una presencia. Que su imagen dejó de acompañarme habitualmente y que desearía que la opacidad de los años nunca turbe el brillo rasgado de sus ojos.

Supongamos que no existe el vértigo, ni el temblor de manos, ni el estómago con piedras ante la incertidumbre.

Supongamos que siempre habrá un siempre donde creer las verdades, donde no se escuchen recriminaciones, donde se apueste para y se viva por, donde yo sea refugio y no tormenta.

Supongamos que hay que seguir viviendo, seguir viviendo, seguir viviendo…

Por suponer, supongamos que puedo escribir algo que no sea basura sobre este papel virtual.



martes, febrero 04, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (4)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (4)

Todo tiene su nombre y su forma excepto la forma del nombre que nunca se escribe por miedo (sinónimo de temer y antónimo de realidad) a la maduración de las metáforas recitadas, al rechazo de lo tangible, a la posible decisión definitiva.

La forma de las canciones con nombre de mujer es curva como el arco tenso de un cazador de nubes.
Y la alegría pegadiza de los anexos, un canto a los próximos días de distracción, ocio y reencuentro: mentiras maquilladas.

Aristocráticamente formal, el viento cimbrea mi cuerpo voladizo mientras las dunas contestatarias mueven sus siluetas al compás de la incógnita e insinúan un abrazo áspero sobre las piernas.

Tengo el viento arrancando mi piel y el frío escarbando mis entrañas.

            Por eso me he puesto de acuerdo con el pequeño duende de los jueves y comienzo a editar sílabas entrelazadas, frase tras frase, párrafo tras párrafo, envolviéndolas en un papel de regalo imaginario que flotará por las ondas invisibles de lo remoto, sobre alfombras mágicas tejidas con cabellos y estambres, esperando que ningún miserable las espíe.
Ningún miserable que manipule.
Ningún miserable que tergiverse.
Ningún miserable que aceche para oscurecer.

Por eso me dejo arrastrar, como un toldo roto, por el viento que escupe su furia de poniente: para volar y perderme acompañando a la soledad desorientada.

Porque uno no es más que un acompañante subversivo y triste de tal soledad.

Cuando en las adversidades se encomienda a San Fortunato, patrón de los nicotínicos.

Antes de cuánto y cómo, que fue ahora y ya no es nada.

Lo supiste y ya no lo sabes.
O no quieres saberlo.

miércoles, enero 29, 2014

Letras propias: Sueños de madrugada


SUEÑOS DE MADRUGADA

Unas notas en un espacio indefinido.
Apenas pespuntes en el retal de un universo en blanco
que definen la escala de la predisposición.

Unas letras iluminando la madrugada
como comentarios que volasen en alas de sombra
con fechas de futuro impregnadas de apetito.

Hoy soñé con devorar tus deseos, como depredador
hambriento que desgarrase el tiempo desembarcando,
para reposar después en el escaparate de tus brazos.

Hoy puedo soñar que sea mañana y observe
tu firma entre las páginas del armisticio,
tus ojos pintados, el duelo concluido, la resurrección.

Yo plasmo mis letras, como notas, en este intervalo
donde antes escribiste todos tus miedos
que he intentado cocinar a fuego lento.

Para que ese futuro tenga el sabor de certeza.

Allí donde las promesas siempre se cumplen.


viernes, enero 24, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (3)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (3)

Me ha sentado frente a la ventana.
Con los ojos fijos al cristal y la mirada perdida sobre lo indefinido he decidido escuchar el rumor danzante de la lluvia caleidoscópica que dibuja lágrimas sobre el vidrio.
            El epicentro exacto de la utopía es un temblor quejumbroso de muchos grados sobre la escala Richter y dicho movimiento no conseguirá derribar los cánones establecidos desde los pensamientos ajenos, las desconfianzas, las sombras, las caídas de las cornisas desgastadas, la respiración necesaria…
En una de las últimas charlas lidiadas al albur de las estrellas alguien comentó en voz alta una multitud de irrealidades y se dedujo que algún mal perpetuo puede paliarse con la ensoñación, pero que todo ha de ser aceptable y aceptado.
Ya no sirven excusas para llegar a la meta pero… ¿cuál es la meta?
La lluvia va codificando el horizonte. Pero hoy no es Noviembre, ni el futuro con borrascas será primavera.
Y entre enigmas y frases inconexas –terribles, algunas, y dignas de incluirse en los epistolarios más nocivos- el alba de mi pensamiento se torna en matices blancos y grises hundiendo las ideas en un viejo camino nevado, génesis del presente invierno que late entre la figura que relata amargura y la verdad no creída.
¿Dónde está la meta?
No por aquí, parece.
Ni en el camino del mañana que fue otro mes y ahora es una eterna ventisca de sinrazones. Sólo el invierno quema mis manos como brasas de hogueras, fundiendo troncos de cicatrices en calderos de sangre repetida.
No debería de surgir la duda ante la certeza de lo cierto (redundo).
No ha de surgir un leve resuello, un pestañeo pasajero y peregrino, buhonero de mil caminos y voces.
Nada surge del silencio de dos presencias, de una respuesta sincera y desgarradora (¡siempre lo supe!, repito), de una utopía encallada, de repente, entre las rocas del faro que debía iluminar y sólo ciega.
¿Dónde está la meta, tu meta?
¿Por aquí?
Los monólogos pasados no dan patente de corso para diálogos futuros, pero el lenguaje es tan versátil, tan moldeable, que los ecos de las palabras esculpen escenas atípicas en tierras lejanas.
Y se repiten como bucles gigantescos que triturasen mis costados estrangulando mis pulmones.
            Echo de menos presencias que conviven y no están y hablan de despedidas con compromisos de promesas de no espera. Los días en los que existan esas ausencias serán días largos y monótonos, sin sorpresas.
Un nombre se pronuncia en las gélidas horas de la mañana.
Hoy es viernes.
Hace un rato, cuando abrí los ojos definitivamente, fueron las cinco y diez y alguien se preguntará a qué viene todo esto.
Sólo literatura.

viernes, enero 10, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (2)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (2)

            Otra noche más robando sueño al sueño.

            Como un murciélago que guardase las monedas de su juventud y viese en su ceguera su despertar, su soledad y su literatura: flor de novela inacabada, despojo de eternidad y antorcha.

            Todo lo huido del huracán que arrasó las baldas de las estancias, las perchas de lo olvidado (hasta la primera blusa de la primera vez) y los desmayos de las canciones traídas por el Mar de Alborán.
            Otra noche más de soledad y química, de espanto y concierto, de desaliños conmovedores.

            Si no importase la soledad…
Si no importase saber que la soledad es una sala de fiestas con aforo completo, una calle comercial en rebajas, una cama vacía sin un cuerpo al que abrazar, un no recibir un beso en el rostro somnoliento de cada mañana…

            Me arropan sábanas aturdidas con rumores incompletos de tinieblas y preguntas en el cobertizo que creí cerrado.
            Rumores de literatura cuando la literatura es barro del viento posado en escalones, hoguera en vigilia que quema los párpados, incógnita, remanso.
            Un duende negro sin beso amanecido que roba sueño al sueño en soledad.



viernes, enero 03, 2014

Letras propias: Cuaderno de conclusiones (1)


CUADERNO DE CONCLUSIONES (1)

Paseas entre la gente, inevitable, con la voz opaca en las contestaciones y adoptando el cinismo que siempre reprochaste. Caen a plomo los acontecimientos como lunas de hormigón inacabadas e intentas que el viento despeje la nebulosa que oculta tus días desde los últimos hechos.
Ya no vibras con los sueños. Y los versos que antes rectificabas son cadenas rotas que se han arrinconado en una buhardilla.
No sabes lo que habrá de llegar pero sí conoces lo pasado.
Suficiente.

Yo también fui una sonrisa viajera que llenó de caricias algunas noches de verano, en algún pueblo, mientras escribía deseos en los amaneceres y paseaba bajo las constelaciones diseñando nuevas coreografías en el baile de la vida.
También busqué de rodillas una respuesta y observé, silencioso, la lenta cadencia de la indecisión que partía el pecho como un estoque certero, la huida hacia quién sabe dónde, la injusticia de la incomunicación, el final de los cantos del gallo, la magia de los ascensores vista con los ojos de una niña…¡y tantas preguntas sin responder que luego el tiempo aclaró!
Pero eso fue hace mucho. Mucho antes de las palabras de rencor que salieron de unos labios (sólo cinco minutos) que no reconocí.
O no hace tanto y parece que fue otra existencia.
Lo ignorado, a veces, abrasa el límite del entendimiento y hace que respiremos con dificultad, que lloremos sin motivo, que no podamos articular palabra ante los preocupados.

Ahora, de vez en cuando, una mujer extranjera habla de su casa de papel, de jardines y hojas, de mariposas y retratos, de días de sol y lluvia en paisajes campesinos, de soledad. Y sus letras acompañan esta tristeza que ocupa los días como un lago sin horizonte.

Yo también soy, como tú, una voz opaca en las contestaciones y paseo entre la gente con el cinismo que reprochaste; y mis acontecimientos caen a plomo, como lunas de hormigón, sin saber muy bien porqué.

No sabes lo que habrá de llegar.
Yo sólo puedo ofrecerte estas líneas de consuelo.
O mi mano.
O un paseo sobre mis letras.